Els teatres, les sales, per la nostre litúrgia són molt importants. Aquests que us presento són els que fins avui, he pogut gaudir tot escoltant alguna òpera.
Cada cop més crec, que els teatres d’òpera han de ser funcionals i còmodes i ens han de permetre escoltar i veure els espectacles de la millor manera possible.
No te cap sentit tenir un teatre luxós, ple de sedes i velluts, amb grans foyers i salons, si desprès la majoria de les butaques no tenen una visió perfecte del escenari o si el so no arriba amb la nitidesa i claredat a les nostres orelles.
Un Edifici com el Garnier, la Staasoper de Viena o el Liceu (aquest molt més modest), ajuda a l’embolcall necessari per oficiar una bona representació, però quan s’apaguen els llums i s’alça el teló, quina importància te, que la catifa del saló de descans tingui 30 centímetres d’espessor?
















































































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Y de todos los teatros que has visitado cuál es el que más te ha impactado o del que mejor recuerdos conservas, no por el espectáculo, sino por el edificio en si.
Bayreuth no cuenta ¿vale?
Ui quina pregunta més xula i difícil.
La Scala per l’emoció de ser el teatre més important de l’òpera italiana.
Bayreuth, per un wagnerià convençut, el temple. Tot i que l’edifici és bastant mediocre.
la Staatsoper de Viena per la magnificència del edifici, com el Garnier de Paris, però en aquest no he vist òpera.
Ara me’n he adonat que em falta posar la foto del principal de València. Vaig veure una Tosca i una Butterfly quan feia la mili a Alacant. Un dia faré un post parlant d’aquesta experiència.
Mi primera ópera fue en el Principal, Il matrimonio segreto, una producción del Liceu en la que tenía que haber cantado Enedina Lloris, pero ya comenzaba a tener problemas y anuló. Fue una experiencia un tanto sui generis, había un matrimonio mayor a mi lado y en el entreacto me comentaban que habían pertenecido a la AVAO, entonces ya extinguida, y que su afición era tal que durante los primeros años de matrimonio cogían la vespa y se iban los dos al Liceu sólo para ver una ópera, entonces no había autopista, increíble. La experiencia fue un tanto extraña, no es muy común iniciarse con una ópera de Cimarosa, pero aquella fue la primera oportunidad que tuve, recuerdo también que hacía mucho calor y en mitad de la representación el acomodador abrió las ventanas del teatro para que entrara el fresco y desde mi butaca escuchaba el ruido del tráfico, los autobuses pasar… La ópera la conocía porque la habían retransmitido por TV, la acción transcurría en una caja de música, en el Liceu sobraba espacio por todos lados y los cantantes entraban y salían de la caja, pero en el escenario del Principal casi no cabía y el movimiento escénico se vio muy mermado.
Pel que veig que no has estat al Teatro di San Carlo de Nàpols…
No he estado pero me hubiera gustado
No, jo tampoc he estat al San Carlo, un altre dels històrics. De fet me’n falten uns quants i espero afegir-los a la llista.
Maac, el Principal de València ja hi és.
Ah, jajaja, ya lo he visto. Es una pena porque leí que, en origen, estaba previsto hacer un gran teatro pero al final recortaron el presupuesto. En los ochenta sufrió una reforma en la caja escénica, fundamentalmente disminuir un poco la pendiente, el foso, que se amplió, y también en camerinos, para adaptarlo a las nuevas producciones operísticas pero se quedaba pequeño de todas formas, eso tenía el inconveniente de que no permitía coproducir con otros teatros como el Real o el Liceu y suponía mucho gasto: ni se podían traer producciones de fuera ni las de aquí servían para otros teatros más grandes así que durante unos años la temporada de ópera era más testimonial que otra cosa, con dos o tres títulos como mucho, hubieran tenido que hacer como en el Liceu, expropiar las fincas no colindantes sino cercanas. Luego llegó el invento del Palau de les Arts y en eso estamos, soñando en que llegue el día en que salga a flote, nunca mejor dicho.
Gracias Ximo por la parte que me toca, no es que sea muy hermoso pero, lógicamente, uno siempre tiene afecto por los sitios en los que ha vivido trocitos de vida.